NUESTRA PERSPECTIVA

El desafío de la vida activa

 

Desde Fundación Arcor Argentina, Instituto Arcor Brasil y Fundación Arcor Chile promovemos la vida activa y el movimiento en la niñez. Lo hacemos con una perspectiva de derechos, como generadores de hábitos fundamentales para un crecimiento integral. Somos conscientes de que un estilo de vida saludable -capaz de perdurar en el tiempo- germina y se desarrolla durante la infancia

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la carga rápidamente creciente de enfermedades crónicas no transmisibles es un determinante clave de la salud pública mundial”. En ese sentido, se estima que si no modificamos nuestras conductas, en la próxima década, nueve de cada diez personas deberán convivir con alguna dolencia.

 

En un mundo donde las cosas (autos, ascensores, escaleras mecánicas, pantallas, nuevas tecnologías, celulares, etc.) y los nuevos hábitos urbanos sustituyen el movimiento, -reduciendo el gasto energético necesario en los ámbitos de trabajo, educación y ocio-, se vuelve necesario recuperar y re-significar el acto de moverse. Justamente, nuestra propuesta es recuperar el movimiento con sentido, esto es, convertirlo en una cultura de vida activa de modo consciente, un proceso en el que intervienen la educación y  los hábitos.

 

Vida activa no es sólo hacer gimnasia o practicar un deporte. Es también jugar, divertirse, desarrollar experiencias de vida con la naturaleza para reconocer sus particularidades, ir al encuentro con amigos, y también reconocer el propio cuerpo y sus límites a partir de la acción.

 

Esta concepción nos sugiere el involucramiento de los adultos, tanto en el ámbito individual, como familiar y social. Dicho de otro modo, una vida activa en el futuro, depende de una vida activa hoy.

 

A partir del consenso global sobre sus beneficios y que es un derecho de la infancia junto al juego, la recreación y la educación, es que somos parte y trabajamos a diario, en todos los espacios y lugares en los que tenemos presencia en Argentina, Brasil y Chile, en pos del desafío de una vida activa y saludable.

 

La importancia del cuidado, la educación y el juego

 

Las experiencias de los primeros años marcan de un modo determinante la vida de las personas. Así, el acceso a los derechos de alimentación, salud, juego, recreación, educación y bienes culturales se convierten en sustanciales para el desarrollo infantil.

 

Es importante el acceso temprano y la permanencia de los niños y niñas en la educación inicial. En Argentina, el ingreso a las salas maternales ocurre a partir de los 45 días y se extiende hasta los 5 años, con la obligatoriedad de las salas de 4 y 5 años. En Brasil, el sistema es opcional entre los 2 y 6 años; mientras que en Chile la educación es obligatoria a partir de los 5 años de edad.

Resulta relevante en estos primeros años la estimulación de las habilidades del lenguaje y cognitivas, como vocabulario disponible, significados y sentidos de palabras y números, para garantizar la igualdad de oportunidades a lo largo de la trayectoria educativa de los niños y niñas.

Los adultos y el sistema educativo tienen, por ese motivo, un papel trascendente en este objetivo. El juego, el movimiento, así como la generación de un entorno rico en lenguaje y la promoción de un adecuado desarrollo psicosocial, son herramientas útiles para conseguirlo.

Desde Fundación Arcor Argentina, Instituto Arcor Brasil y Fundación Arcor Chile estamos convencidos de que la educación inicial abarca un período de vital importancia para la infancia, tanto para el desarrollo cognitivo como para el del lenguaje, el acceso a la alfabetización, la promoción del juego y la adquisición de habilidades sociales, entre otros atributos. La trascendencia de la acción de los agentes socializadores -padres, familiares, maestros y otras personas cercanas al niño- reside, precisamente, en que el apoyo del adulto es indispensable en estos procesos tempranos a partir de los cuales se construyen los aprendizajes.

También jugar desde edad temprana en el hogar, en los centros de cuidado y los jardines de infantes permitirán al niño acceder a recursos que le posibilitarán constituir relaciones afectivas fluidas y ricas, desatar emociones, conocer reglas y límites, y abrir canales de comunicación y confianza.

Adultos comprometidos

 

Los adultos también juegan. En el sentido literal de la afirmación y en el papel que les cabe en garantizar el derecho al juego. El rol de los grandes en el hogar y la escuela es ponerse a la altura de los niños y niñas, jugar con ellos. Dice el especialista Víctor Pavía que "a jugar se aprende, y los adultos tienen la responsabilidad de transmitir la cultura del juego". Si esto no sucede, no se produce la necesaria combinación entre tradición y nuevos juegos, y la infancia queda a disposición de otros actores y modos.

¿Qué es jugar de modo lúdico? En primer lugar, el juego depende de los contextos socioculturales e históricos en los que se desarrolle. Por eso, es necesario que adultos enseñen a “jugar por jugar”. A esto se agrega que sepan de qué modo acompañar estas oportunidades, generando espacios y tiempos para que el juego ocurra, y también permitiendo que los niños y niñas puedan hacerlo con libertad y placenteramente.

 

La Convención de los Derechos del Niño reconoce al juego como un Derecho de la Infancia en su artículo 31, donde señala que los niños, niñas y adolescentes tienen derecho "al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.

 

La calidad de vida de los niños y niñas depende en gran medida de las oportunidades de jugar. De ese modo, se acrecientan las posibilidades de ser personas con mayor salud física y mental; incluso como hacedores de una sociedad mejor, ya que el juego promueve valores positivos y competencias colectivas.

Muchas veces, los padres tienden a considerar al juego como in-útil y llenan la agenda de sus hijos con diversas actividades: aprender idiomas, música, deportes... Sin embargo, jugar no tiene que ser una actividad que quede relegada solamente al “momento de perder el tiempo”. Por el contrario, es necesario ponerla a la misma altura que la adquisición de conocimientos o los momentos de contemplación.

 

Los niños y niñas necesitan de los adultos, de su compromiso, de tiempos y espacios dedicados a jugar con ellos.

El desafío de la vida activa

 

Desde Fundación Arcor Argentina, Instituto Arcor Brasil y Fundación Arcor Chile promovemos la vida activa y el movimiento en la niñez. Lo hacemos con una perspectiva de derechos, como generadores de hábitos fundamentales para un crecimiento integral. Somos conscientes de que un estilo de vida saludable -capaz de perdurar en el tiempo- germina y se desarrolla durante la infancia

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la carga rápidamente creciente de enfermedades crónicas no transmisibles es un determinante clave de la salud pública mundial”. En ese sentido, se estima que si no modificamos nuestras conductas, en la próxima década, nueve de cada diez personas deberán convivir con alguna dolencia.

 

En un mundo donde las cosas (autos, ascensores, escaleras mecánicas, pantallas, nuevas tecnologías, celulares, etc.) y los nuevos hábitos urbanos sustituyen el movimiento, -reduciendo el gasto energético necesario en los ámbitos de trabajo, educación y ocio-, se vuelve necesario recuperar y re-significar el acto de moverse. Justamente, nuestra propuesta es recuperar el movimiento con sentido, esto es, convertirlo en una cultura de vida activa de modo consciente, un proceso en el que intervienen la educación y  los hábitos.

 

Vida activa no es sólo hacer gimnasia o practicar un deporte. Es también jugar, divertirse, desarrollar experiencias de vida con la naturaleza para reconocer sus particularidades, ir al encuentro con amigos, y también reconocer el propio cuerpo y sus límites a partir de la acción.

 

Esta concepción nos sugiere el involucramiento de los adultos, tanto en el ámbito individual, como familiar y social. Dicho de otro modo, una vida activa en el futuro, depende de una vida activa hoy.

 

A partir del consenso global sobre sus beneficios y que es un derecho de la infancia junto al juego, la recreación y la educación, es que somos parte y trabajamos a diario, en todos los espacios y lugares en los que tenemos presencia en Argentina, Brasil y Chile, en pos del desafío de una vida activa y saludable.

 

Adultos comprometidos