Ciudadanos más activos, un desafío global

A nivel mundial, se estima que cerca de un cuarto de la población adulta padece de niveles insuficientes de actividad física. Revertir esta situación es un desafío que nos incluye a todos, cualquiera sea nuestra edad, nuestra condición física o el país en el que vivimos.

El 6 de abril se celebra el Día Mundial de la Actividad Física. Se trata de una fecha dispuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ayudar a sensibilizar sobre un problema que cada vez tiene mayor prevalencia en las sociedades industrializadas: el sedentarismo. 

Para combatirlo, la propia OMS sugiere reflexionar sobre algunos de los mitos más comunes en torno a la actividad física, a saber: 

-Mantener la actividad física requiere dinero, y equipamiento deportivo especial

Falso. La actividad física se puede realizar en cualquier momento del día. Basta con caminar algunas cuadras, llevar la bolsa de las compras, subir escaleras en lugar de elegir el ascensor, etc. De hecho, caminar (la actividad física más recomendada), es gratis y muy simple de ejecutar. 

-Para mantener la actividad física se necesita mucho tiempo

Falso. Para mejorar la salud bastan 30 minutos diarios de actividad física, durante cinco días de la semana. Y no es necesario que sea 30 minutos continuados, sino que se puede ir acumulando a lo largo del día. 

-Los niños son activos por naturaleza, no hace falta enseñarles sobre la actividad física

Falso. Para asegurar su desarrollo saludable, los niños deben acceder a 60 minutos de actividad física diaria. Sin embargo, en la mayoría de las sociedades occidentales este mínimo requisito no se cumple. Los niños van a la escuela en vehículo, y pasan buena parte de su tiempo libre con entretenimiento no activo (videojuegos, tablets, TV). Y algo importantísimo de recordar: los hábitos saludables adquiridos en la infancia tienen más posibilidades de sostenerse cuando ese niño se convierte en adulto. 

-La actividad física es para la gente joven

Falso. Se ha demostrado empíricamente que la actividad física regular mejora el estado funcional y la calidad de vida de los adultos mayores. Tiene también beneficios sobre la salud mental y la función cognitiva. 

-La falta de actividad física es un problema de países ricos

Falso. Lamentablemente, las enfermedades no transmisibles asociadas a la falta de actividad física son el mayor problema de salud en la mayoría de los países del mundo. El 80 por ciento de las muertes por enfermedades no transmisibles se produce en países de ingresos bajos y medios. 

América Latina, una región en problemas 

A finales de 2018, la revista científica The Lancet publicó un estudio comparativo realizado en 122 países, sobre niveles de actividad física en la población. El informe indicó que América Latina es la mayor región del planeta con el mayor porcentaje de población que no alcanza los mínimos de actividad física para mantenerse saludable (39%). 

El país donde el sedentarismo está más afianzado es Brasil, donde el 47 % de la población presenta actividad física insuficiente. Costa Rica, Argentina y Colombia no están lejos de Brasil en estos resultados, pues la población que no tiene actividad física suficiente es en ellos, respectivamente, del 46, el 41 y el 36 %. En el lado opuesto, Uruguay, Chile y Ecuador son los que presentan los mejores índices, con solo el 22 %, el 26 % y el 27 % de su población que no cumple con los requerimientos mínimos de actividad física.

Un objetivo global 

Como se trata de un problema global, la OMS propone también abordarlo de manera global. Es así que el año pasado puso en marcha el  «Plan de acción mundial de la OMS sobre actividad física 2018-2030: Más personas activas para un mundo más sano». Este plan propone reducir en un 10% los niveles de inactividad física para el año 2025, y en un 15% para 2030. Para ello, establece una serie de pautas a adoptar por los países miembro, y una serie de indicadores de seguimiento para evaluar su implementación.

La niñez es un momento clave

El sedentarismo y sus problemas asociados comienzan a convertirse en un problema de políticas públicas, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Y debido a la importancia de la adquisición de hábitos saludables en la infancia, la escuela se convierte en un actor principal para generar cambios perdurables.

Tal como lo menciona Mario Di Santo, licenciado en Educación Física y Ciencias de la Educación, la escuela y más específicamente la currícula de Educación Física, tiene que necesariamente ampliar la mirada sobre esta disciplina. Cita como ejemplo algunos países nórdicos, donde han comprendido que “su función principal es proveer herramientas para autogestionar la vida motriz ya fuera de la escuela. Vislumbraron que, tal como las demás materias escolares deben proveer recursos para valerse mejor en su vida diaria, la educación física no puede limitarse a entretener a los niños o hacerlos jugar. Por ello es importante esta nueva orientación en la educación física, a los efectos de que la gente sepa cómo autoentrenarse y autogestionar esos procesos relacionados a su salud y al movimiento”.

 

Pero además de la escuela, la familia tiene un papel insoslayable. Sobre esto reflexiona Fernando Concha Laborde, Profesor de Educación Física, magíster en Educación en Salud y Bienestar Humano (Chile): “Para tener éxito en este ámbito, se necesita instalar políticas que consideren la temprana edad no sólo a nivel institucional, sino que involucren y comprometan a la familia. La evidencia ha dado cuenta que ni la más integral de las intervenciones externas o ajenas a la familia puede llegar a tener el peso que esta tiene en el desarrollo infantil, especialmente, en los menores de dos años. De ahí la importancia de fijar acciones que fortalezcan el rol parental, además de establecer pautas de crianza saludables, temas que deben ser abordados con prontitud, pertinencia y motivación”.