“No hay nada más provocador para un niño que un docente que juega”

Diego Larrigaudiere es profesor de Educación Física, especializado en juego en el nivel inicial y coordinador de varias juegotecas. Fue uno de los ponentes en el último encuentro de OMEP. Compartimos aquí algunos de sus principales conceptos en torno al juego en el jardín de infantes.

“No podemos siquiera pensar en la educación inicial si no tenemos presencia del juego y el movimiento en el jardín. El juego es el modo particular de aprender, de relacionarse, de lograr en el niño un desarrollo saludable. Hoy por ahí vemos que hay mucha quietud, y eso tiene que ver con el lugar del docente en esas prácticas, en cómo pensarlas, cómo pensar los ambientes, cómo pensar el trabajo con el grupo, etc”. Con esta frase, Diego Larrigaudiere, especialista en formación de docentes de nivel inicial, abre el espacio para la reflexión sobre el rol docente en torno al juego y al movimiento. 

 

- ¿El juego depende de la demanda de los niños?

DL: Se puede jugar en cualquier espacio y en cualquier situación siempre que esté el “permiso para”. Y ese permiso sin dudas lo da el docente. Es él quien habilita el juego, quién juega, quién invita a jugar. Demanda de los niños siempre hay, pero a la vez vemos una problemática: los niños están cada vez más quietos, más pasivos, sentados observando, siendo más espectadores que protagonistas. 

 

-¿Se puede revertir?

DL: Se puede y hay que revertirlo, y esa es una tarea de la escuela. Hay que invitar, dar confianza, generar el deseo en el otro también y para eso se necesita un docente que tenga herramientas para generar espacios. Y más allá del espacio, hay que pensar en el tiempo. ¿Cuánto tiempo le destinamos al juego?. Por ahí sucede que tenemos espacios ideales, pero tiempos muy acotados. Y a veces lo contrario. Es necesario planificar tiempo para poder jugar. Planificar tiempo para jugar es darle importancia a ese modo particular de enseñanza. 

 

- ¿Cuál es entonces el rol docente?

DL: Lo docentes no somos animadores, somos facilitadores del juego. Yo no tengo que divertir a nadie, lo importante es que primero me divierta yo. No hay nada más provocador para un niño que un docente que juegue. El docente se pone a jugar y los chicos van a jugar con él, sin dudas. 

 

- ¿Siempre tiene que jugar el docente? 

DL: El jugar tiene que ver con el deseo. Si no se juega es porque no se quiere. Si es un juego forzado, es preferible que no se juegue. Y ese docente debe replantearse por qué no está jugando. Nosotros elegimos a la infancia como un espacio de trabajo, y tenemos que estar dispuestos a interactuar con esa infancia. 

 

-¿Cualquiera puede jugar? 

DL: Sí. Para jugar tenemos que ser jugadores, no niños. Cuando un docente juega con los niños, hay disfrute. Y ahí se nota en lo cotidiano, en la calidad de vida, en el vínculo. 

 

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