Participación infantil y su vínculo con el lenguaje

La última edición de nuestra revista Por Escrito incluye un artículo de la investigadora Alicia Entel, en el que repasa algunas particularidades de la participación infantil, consagrada como derecho, y el lenguaje.

El artículo que la investigadora Alicia Entel, reconocida especialista en temas de Comunicación, publica en nuestra revista Por Escrito, es una invitación a la reflexión desde los primeros párrafos. Invitándonos a la reflexión, rescata un tema muchas veces soslayado, o visualizado apenas tangencialmente: la relación entre algunos derechos como la libre expresión, o el acceso a la información, el respeto a la identidad cultural no son posibles sin un lenguaje rico, reflexivo y flexible. 

 “¿Es posible informar, opinar, argumentar, defender ideas propias sin ellas? Se nos dirá que una pléyade de otros recursos hoy existen y hasta las suplantan: imágenes, emoticones, memes, diseños. Error. Contar con las palabras, aunque se tengan dificultades, es hacer uso de una capacidad humana fundamental, única en relación con otras especies, la de proferir, decir, hablar, dialogar, construir orden simbólico, argumentar y hasta dejar escritos para generaciones venideras”, indica en su texto. 

Luego, Entel hace un repaso por algunas perspectivas diversas en torno a este tema, comenzando por la mirada sobre la alfabetización o dominio de las palabras por la población infantil.  “Un eje central inicial ha sido la alfabetización, importante por cierto, con interesantes logros en América Latina. Pero lo que no siempre se ha contemplado fue qué era capaz de hacer el alfabetizado con su acervo. ¿Palabra propia o apropiación? ¿Imitar pasivamente o recrear? ¿Obediencia sin más o diálogo?”. Y siguen las preguntas…

 

La interacción con el adulto 

 

La investigadora analiza entonces algunas cuestiones vinculadas con la adquisición del lenguaje, con interesantes conclusiones: “Lo que no siempre se muestra es que la apropiación de palabras y el enriquecimiento de vocabulario no se producen de modo natural sino en interacción con el otro, con el mundo adulto, con aquellas figuras apreciadas por niñas y niños, con la sociedad. Tal experiencia constituye un aprendizaje que requiere técnicas y didácticas. La disposición a aprender, la capacidad de doble articulación que implica la enunciación de palabras sí es propia de la especie humana, pero la cantidad y la calidad de los vocablos y de las enunciaciones en general es sociocultural, depende del ambiente propicio, del estímulo y del mundo adulto cercano”. Y continúa: “Cabe entonces destacar que el habla, elemento sustantivo de lo humano, se aprende. La imitación, a veces tan denostada por algunas prácticas educativas ultramodernas, es lo que les permite al niño o niña también sobrevivir. Si no hay adultos cerca y con voluntad de comunicar, no hay posibilidad de imitación, no hay aprendizaje”.

Finalmente, Entel vincula lo anterior con los diferentes usos del lenguaje y su relación con habilidades más complejas, como las de la argumentación. “Para hacer valer sus derechos, las infancias tienen que aprender y ejercitarse en el argumentar con veracidad y con posibilidad de demostrar a través de ejemplos lo que están defendiendo o denunciando”, advierte, antes de dar paso a un pormenorizado análisis de las distintas fases que la alfabetización ha recorrido en América Latina. 

Para acceder al artículo completo, los invitamos a descargar libremente la revista Por Escrito de nuestro sitio web, accediendo desde aquí: 

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